miércoles, 2 de agosto de 2017

Falacias

De nuevo a la guerra con sentimientos adoptados,
con palabras como balas, con mi guitarra por cuartel.

Vuelvo a recostarme a la sombra del desvelo,
la que mancha mis ojeras, la que me hace dispararte.

Si vivo es para matarte, si muero para ser joven.
Volví para acribillarte hasta mirar tu lenguaje tibio; no lo distraigas.

No sé si serás canción, pero ya eres poesía, y yo... yo sigo sin saber leerte.

"Recuerdos del Sunset"




jueves, 27 de julio de 2017

Nuestro mar


(Puerto Peñasco, Sonora)


Aquí sigo, sentado frente al mundo; 
deseando que la inmensidad del mar me consuma 
y me convierta en polvo. 

El agua salada duele, quema, sana. 
Me libera de todo aquello que la vida me arrojó
en jugadas orquestadas; en un acto de ceguera,
en corazones ajenos.

La soledad me persigue y tu supervivencia 
aniquila mis deseos, mis anhelos.
La realidad: te necesito.

viernes, 21 de julio de 2017

Nublado

Despejado el cielo la lluvia se detiene,
esa lluvia de mentiras que inundó sus ventanas claras,
que por inercia arrastra un corazón hasta lo profundo
y ahoga una mirada entristecida de nacimiento.

Ya no hay tonos grises pero el sol se ha demorado;
le venció la noche.
Desconozco este suelo y me sé de memoria el sufrimiento; lo
recuerdo bien.

Sin ti mis manos no tienen importancia.
Sin ti el insomnio sobrevive.
Sin ti no hay sed, no hay hambre.

La lluvia se fue pero me dejó vacío. Se llevó todo.
Contigo a kilómetros no quiero cantar, no quiero aire,
no quiero luz frente a mis ojos.
La energía que queda se irá entre letras, hasta atrofiar mis
inservibles manos.

Contigo lejos, no necesito libertad ni calma.
Si Dios existe, debe llevarme con él ahora o quizá,
solamente tal vez, yo debo adelantarme y volverme polvo.

Abuelo, si puedes leerme, dime si aún hay campo
en tu viaje...











miércoles, 12 de julio de 2017

Cada fría madrugada

Lo único que busco es un espacio en tus recuerdos...

 Álamos, Sonora.

Cuando te falta el aire...

Mis recuerdos a tu lado: sentimientos de locura.
Al borde del abismo quisiera:
Burlarme de tus defectos para amarlos cada día más.
Tomarte de la mano hasta que el hormigueo lo interrumpa.
Jugar con tu pelo y sentir tu hondo respirar para generar paz.
Escuchar tu voz y soñar que por siempre mía será.
Abrazarte tan fuerte para adherirme a tus entrañas.
Hacerte el amor como si fuese la última o la primera vez.
Perderme en tus ojos cual niño mira al cielo en busca de una estrella más bonita.
Reír mientras tus labios buscan los míos para hipnotizar.
Dormir en tu pecho hasta el último día.
Besarte los labios como si fuese el último gesto antes de morir.
Antes de morir... (Ella en el tiempo, 2017).



¿Cómo volver a donde todo inició? 
Quizás ese es el camino, quizás debo dejarme caer...

sábado, 11 de marzo de 2017

Mi superlativo

A veces los recuerdos no son suficientes. A veces
no matan, pero tampoco te vuelven fuerte.

A veces quisiera una mente blanca,
como el mar en que te espero y si quieres,
de rodillas en el suelo.

Sin entiender las preguntas encontré  las respuestas. Las
encontré a tiempo para morir entre el perdón  y la demencia.

A veces me pierdo; hoy te escurres en mis manos sin que
pueda detenerte en este juego de tronos, entre comida picante,
entre miradas y polvo.

Hasta siempre y... no dejes de brillar.

"Los buenos recuerdos se caen por las escaleras".




martes, 1 de noviembre de 2016

Gracias...

Que quede claro que no siento ganas de extrañarte,
que mi esperanza enmudeció con tu silencio,
que al sol me abrazaría si pudiera de nuevo verte.

Buen tabaco, buen café y un disco de boleros.
Acetatos del recuerdo que dejaste entre canciones,
en la "bicla", en un árbol de guamuchil, en una paloma oxidada.

Y después de tantos años, recuerdo el sabor de tu trabajo,
resumido en dos taquitos que viajaban en lonchera,
con sazones de una abuela desvelada.

Debo confesarte que no suena tu teclado y tu acordeón no tiene tono
y con tu armónica en el cielo me ayudarás a correr la tinta,
porque valor me hace falta para encararme a tu sonido.

Una tarde, un buen consejo, mi guitarra y tu presencia;
yo te apostaría el mundo si éste me perteneciera,
pero aquí sólo hay recuerdos y unos ojos que se ahogan.

Ni albañil, ni plomero, ni músico, ni eléctrico.
Que mataría tus talentos por ver tus ojos abiertos,
por presenciar tus enojos y tu conteo con dedos.

Te fuiste así, sin despedirte, con temores a lo incierto.
Para cuando quise verte tu corazón latía lento,
tan lento como aleteo de las piedras.

Igual que en el último día, te pido que no me olvides,
que para siempre me recuerdes en donde estés,
que mientras la espera dure, te cantaré hasta en mis silencios.

Gracias por la chingüiringüi, por mis tíos, por conocer a mi abuela,
por heredarme hermanos, por recibir a mi padre, por regalarme primos,
por entregarte de lleno en esta tierra de duelo...

Hasta siempre, viejo...

Vuelve un solo día y a cambio daré mis manos...